Sobre la productividad, el absentismo y la plusvalía.

Introducción: desmontando mitos con datos

Últimamente, en el debate público español, ciertos conceptos se repiten hasta convertirse en lugares comunes que rara vez se cuestionan. Se nos dice que el absentismo laboral está fuera de control, que la productividad española es un lastre y que las condiciones laborales son excesivamente generosas. Pero ¿qué dicen realmente los datos cuando los miramos sin anteojeras ideológicas? «Dato mata relato»

Vamos a analizar cuatro dimensiones clave de nuestra realidad laboral —crecimiento económico, productividad, absentismo y negociación colectiva— desde una perspectiva que reconozca el papel central del trabajo en la generación de riqueza. Una perspectiva, en definitiva, socialdemócrata, que parte de la premisa de que la plusvalía generada por los trabajadores no es un regalo del empresario, sino el fruto de su esfuerzo, y que debe ser administrada con criterios de justicia social y eficiencia compartida.

1. Crecimiento económico: España, motor de Europa

Contra todo pronóstico, y a pesar de los augurios catastrofistas, la economía española ha demostrado en los últimos años una capacidad de crecimiento que la sitúa a la cabeza de la Unión Europea. Mientras Alemania, Francia e Italia registran crecimientos anémicos o incluso negativos, España mantiene un ritmo de expansión notable.

Según los datos disponibles, España creció un 3,2% en 2024, más de tres veces por encima de la media europea. Esta tendencia se ha mantenido en 2025, con un crecimiento del PIB que ronda el 2,8%, muy por encima del 0,2% alemán, el 0,8% francés o el 0,5% italiano.

Este liderazgo económico no es fruto de la casualidad. Detrás de estos números hay millones de trabajadores que cada día aportan su esfuerzo, su creatividad y su conocimiento para generar riqueza. Son ellos, los asalariados, quienes con su trabajo crean el valor que luego se reparte —no siempre de forma equitativa— entre salarios, inversión y beneficios empresariales.

El crecimiento español demuestra que las economías que invierten en su capital humano y mantienen un tejido productivo dinámico son capaces de superar las crisis y generar prosperidad. No es un triunfo del capital por sí mismo, sino del trabajo organizado y cualificado.

2. Productividad: más horas no es más eficiencia

Aquí conviene ser precisos. Es cierto que, en términos de PIB por hora trabajada, España se sitúa por debajo de Alemania, Francia o Italia. El trabajador medio español produce en una hora menos que sus homólogos de esos países. Pero este dato, que a menudo se utiliza para estigmatizar a los trabajadores españoles, requiere una lectura más matizada.

La menor productividad por hora no es un problema de los trabajadores, sino de un modelo productivo que históricamente ha apostado por sectores de menor valor añadido, con una inversión en I+D insuficiente y una estructura empresarial dominada por pymes con escasa capacidad de innovación. Es, en buena medida, un problema de falta de inversión y de apuesta por la calidad del empleo, no de esfuerzo individual.

Además, conviene recordar que España trabaja más horas al año que Alemania —unas 350 horas más— y produce por hora un 36% menos. Es decir, trabajamos más y producimos menos por hora. Esto no es un déficit de los trabajadores, sino una ineficiencia del sistema productivo que las empresas y los gobiernos deberían abordar.

Precisamente por eso, los experimentos con la jornada laboral de cuatro días resultan tan reveladores. Diversas empresas que han implementado esta reducción horaria —manteniendo el salario— han constatado mejoras en la productividad, en el bienestar de los empleados y en la retención del talento. La lógica es sencilla: trabajadores descansados, con mejor conciliación y menos estrés, rinden más en las horas que están en su puesto.

Reducir la jornada no es un capricho sindical, es una estrategia de eficiencia. Es la constatación de que la productividad no depende de cuántas horas se está en la oficina, sino de cómo se organiza el trabajo y de en qué condiciones se realiza. La evidencia empírica apunta en esa dirección.

3. Absentismo: el gran error conceptual

Llegamos al núcleo del debate. La palabra «absentismo» se ha convertido en un comodín para estigmatizar cualquier ausencia del puesto de trabajo, sin distinguir entre lo que es un derecho y lo que es un incumplimiento.

El absentismo, en sentido estricto, debería referirse únicamente a las faltas injustificadas al trabajo —aquellas ausencias que no responden a ninguna causa legalmente reconocida y que, por tanto, constituyen un incumplimiento contractual. Las vacaciones, los permisos retribuidos y las bajas médicas no son absentismo: son derechos laborales reconocidos por la ley y por la negociación colectiva.

Confundir unas cosas con otras es un error de concepto con consecuencias políticas y sociales graves. Quienes mezclan bajas médicas con absentismo están equiparando a un trabajador que está legítimamente enfermo con alguien que no acude a su puesto sin justificación. Es una equiparación injusta y, además, falsa.

Las bajas médicas son un derecho que se deriva de la protección social que el Estado y los convenios colectivos garantizan a los trabajadores. Cuando un trabajador está de baja, no está «absentista»: está ejerciendo un derecho que ha contribuido a financiar con sus cotizaciones y con su esfuerzo laboral previo.

Esta misma lógica se aplica a las pensiones. Desde una perspectiva capitalista, las pensiones se presentan a menudo como un «gasto» o una «carga» para el sistema. Pero en realidad, las pensiones son un derecho que se recibe como contrapartida a la plusvalía generada durante décadas de trabajo. No son una dádiva, sino la devolución de una parte del valor que los trabajadores crearon y que el sistema se apropió en forma de beneficios, cotizaciones e impuestos.

¿Y qué dicen los datos? Según el informe de Adecco, la tasa de absentismo en España cerró 2025 en el 7,68%, con un total de 1,27 millones de personas de baja médica por incapacidad temporal. La tasa de bajas por IT alcanzó el 5,97%. Son cifras altas, sin duda. Pero no son equiparables a las de otros países europeos.

En Alemania, la tasa de baja por enfermedad es del 8,6%, muy superior a la española. Francia, Portugal y otros países también registran tasas significativas. España, lejos de ser un caso excepcional, se sitúa en la media alta europea en bajas médicas, pero no es el país que más bajas registra.

Lo que sí es cierto es que el número de bajas médicas en España ha aumentado un 60% desde 2017. Pero este incremento responde a múltiples factores, entre ellos el envejecimiento de la población activa, el aumento de los problemas de salud mental, la mayor exigencia física en muchos puestos de trabajo y, también, una mayor conciencia de los derechos laborales.

No se puede culpar a los trabajadores por enfermarse. La salud es un derecho, no una opción. Y el sistema de protección social —incluidas las bajas médicas— es precisamente el mecanismo que permite que una sociedad avanzada garantice que nadie quede desprotegido por una enfermedad.

4. Convenios colectivos: la negociación como herramienta de eficiencia

Un dato relevante que a menudo se pasa por alto es el papel de la negociación colectiva en la gestión de las bajas. Lejos de ser un problema, los convenios colectivos son una herramienta eficaz para regular las condiciones de trabajo, incluido el tratamiento de las bajas por enfermedad.

Según los datos disponibles, cerca del 50% de los convenios sectoriales y el 65% de los convenios de empresa incorporan complementos a la prestación por incapacidad temporal. Es decir, una mayoría significativa de los trabajadores españoles tienen regulado en su convenio el complemento salarial durante la baja.

Y la evidencia sugiere que las empresas que tienen reguladas las bajas en su convenio registran menos absentismo que aquellas que no lo tienen. ¿Por qué? Porque la negociación colectiva permite establecer reglas claras, definir responsabilidades y crear incentivos para la gestión eficiente de las ausencias.

Por ejemplo, algunos convenios recientes condicionan el abono del 100% del salario a que no se superen determinados umbrales de absentismo en la sección, o exigen revisiones médicas para mantener el complemento. Esto no es un ataque a los derechos de los trabajadores, sino una gestión responsable que combina protección social con eficiencia productiva.

La negociación colectiva es, en definitiva, el espacio natural donde trabajadores y empresarios pueden encontrar soluciones equilibradas que protejan los derechos de los primeros sin poner en riesgo la viabilidad de las empresas. Es el antídoto contra los discursos simplistas que presentan el absentismo como un problema de «vagos» y las bajas como un abuso.

5. La plusvalía como clave de lectura

Detrás de todos estos debates subyace una cuestión de fondo: ¿quién crea la riqueza y quién tiene derecho a disfrutarla?

Desde una perspectiva socialdemócrata, la respuesta es clara: la riqueza la crean los trabajadores con su esfuerzo, su tiempo y su talento. El empresario aporta capital, asume riesgos y organiza la producción, y tiene derecho a una parte de la plusvalía generada como retribución a su inversión y su riesgo. Pero no tiene derecho a quedarse con toda la plusvalía.

El excedente que queda después de retribuir al capital debe revertir en la sociedad y en los trabajadores: en forma de salarios dignos, de condiciones laborales justas, de protección social, de pensiones, de bajas remuneradas, de vacaciones, de permisos. No es caridad, es justicia. Es la devolución de lo que los trabajadores han generado con su trabajo.

Por eso, conceptos como el absentismo, la productividad o la eficiencia no pueden analizarse al margen de esta lógica. Los trabajadores no son un coste, son el origen del valor. Y las políticas que protegen sus derechos —incluidas las bajas médicas, las vacaciones y los permisos— no son un gasto, son una inversión en el capital humano que sostiene toda la economía.

España crece porque sus trabajadores producen. Su productividad es mejorable, y mejorar requiere invertir más en I+D, en formación y en calidad del empleo, no recortar derechos. Su absentismo, correctamente entendido como faltas injustificadas, es un fenómeno marginal que no debe confundirse con el ejercicio legítimo de derechos como las bajas médicas.

La negociación colectiva es el camino para gestionar estos desafíos con equilibrio. Y la plusvalía generada por los trabajadores es el fondo del que deben salir tanto los beneficios empresariales como la protección social.

Esa es la mirada socialdemócrata: una que no enfrenta a trabajadores y empresarios, sino que busca un reparto justo de la riqueza que todos, juntos, generan.

📎 Fuentes consultadas

Crecimiento económico

Productividad

Absentismo y bajas médicas

Jornada laboral de cuatro días

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