viernes, 9 de octubre de 2026

Fabricando la realidad (21). Recapitulando sobre la arquitectura de manipulación

A lo largo de esta serie hemos desgranado diecinueve principios que, combinados, constituyen lo que podríamos llamar una arquitectura de la fabricación de la realidad. No se trata de una conspiración con un centro único de mando, sino de un ecosistema de técnicas que han sido adoptadas, refinadas y sistematizadas por los nuevos autoritarismos y las extremas derechas mundiales. En España, este arsenal se ha desplegado con una intensidad particular en los últimos cinco años, convirtiendo el debate público en un campo de batalla donde la verdad es la primera víctima.

El despliegue del arsenal en España 

El principio del culpable único ha encontrado en la inmigración su vector principal. La extrema derecha española ha concentrado problemas distintos —vivienda, empleo, inseguridad— en un único enemigo: el migrante. Santiago Abascal ha culpado al «bipartidismo» de alentar la «llegada de millones de personas» que, según él, amenazan la «supervivencia» de España. La fabricación del miedo opera en paralelo: el discurso de Vox se basa en el miedo al inmigrante, a quien se presenta como una amenaza existencial. Abascal ha llegado a calificar la inmigración como una «auténtica invasión» que exige el «billete de vuelta a su lugar de origen».

La deshumanización es el corolario lógico de este proceso. Pedro Sánchez ha acusado a Abascal de basar su discurso en el miedo para deshumanizar a los inmigrantes y perpetuar su explotación. En la crisis de Ceuta de 2026, el secretario general de Vox en el Congreso ha llegado a afirmar que había que «cazar uno por uno» a los migrantes que habían entrado irregularmente. El lenguaje no es inocente: calificar la llegada de migrantes como una «invasión ilegal» o hablar de «hordas de inmigrantes ilegales» no describe, sino que construye una realidad donde el otro ha dejado de ser persona.

El encuadre y la simplificación han sido herramientas centrales. La crisis de Ceuta ha sido enmarcada sistemáticamente como un «intento de invasión» y una «avalancha», términos que el PP ha terminado comprando y utilizando. Esta simplificación reduce un fenómeno migratorio complejo —con dimensiones humanitarias, diplomáticas y económicas— a una única idea: la amenaza. La fragmentación y la descontextualización han acompañado este proceso: los hechos se presentan como piezas sueltas, arrancadas de su marco, imposibilitando cualquier comprensión global.

La normalización es quizás el principio que mejor explica el éxito de esta estrategia. Lo que hace una década era impensable —afirmaciones racistas, discursos de odio, propuestas de deportación masiva— se ha ido incorporando al debate público hasta convertirse en una opción política más. Los acuerdos de gobierno entre PP y Vox en Extremadura y Castilla y León representan un proceso preocupante de «institucionalización del discurso del odio». El lenguaje de la «prioridad nacional» y el «españoles primero» normaliza en pactos de gobierno un vocabulario que la extrema derecha europea lleva años usando para jerarquizar derechos.

La orquestación y la amplificación artificial han alcanzado niveles industriales. El entorno ultra de Vox ha convertido la desinformación en su principal herramienta de desgaste. Durante la crisis de Ceuta, redes de desinformación vinculadas a Rusia e Israel, en colaboración con la extrema derecha, han difundido bulos que han alimentado la entrada masiva de migrantes. El gobierno español ha denunciado que el origen de la crisis está en una campaña de «bulos y desinformación» alentada por la «internacional reaccionaria».

La polarización afectiva y el agotamiento por confrontación son el resultado visible de este arsenal. Siete de cada diez ciudadanos españoles cree que la crispación política ha crecido en el último año, y son los votantes de extrema derecha quienes en mayor proporción perciben ese incremento. La confrontación permanente no es un accidente; es una estrategia calculada para mantener a la ciudadanía ocupada reaccionando, defendiendo y atacando, sin energía para comprender.

El contexto europeo: una ofensiva coordinada 

Como hemos visto a lo largo de esta serie, este fenómeno no es exclusivamente español. En toda Europa, las extremas derechas han desarrollado un repertorio de técnicas de manipulación que trascienden fronteras. La investigación transfronteriza The Extremist Machine ha identificado estrategias de comunicación compartidas, incluyendo mensajes coordinados, amplificación digital y encuadres narrativos comunes. Plataformas como TikTok, Telegram, Facebook y X son centrales para difundir narrativas ultraconservadoras y antieuropeas, a menudo mediante actividad coordinada o amplificada artificialmente.

El uso de inteligencia artificial generativa ha añadido una nueva dimensión a esta ofensiva. En Alemania, cuentas afiliadas a Alternativa für Deutschland (AfD) utilizan IA para crear secuencias de vídeo e imágenes que representan escenas para las que no existen imágenes reales. En toda Europa, la extrema derecha ha utilizado desde imágenes fabricadas y «deepfakes» hasta «shallowfakes» y pies de foto descontextualizados para promover narrativas islamófobas, incluyendo la del «Gran Reemplazo». Elon Musk ha utilizado X para amplificar la voz de la extrema derecha en Europa, apoyando a la AfD en Alemania y atacando a líderes como el primer ministro británico Keir Starmer.

El concepto de «remigración» —la repatriación forzada de millones de migrantes— ha pasado de ser una consigna marginal a un objetivo explícito de organizaciones como Reconquista y Save Europe, que han traído a España esta idea con el objetivo de conseguir la «repatriación» de miles de migrantes a los que culpan de la «degradación» de la «cultura y sociedad nativa europea». Lo que hace apenas una década resultaba impensable como consigna de masas en una capital europea se ha convertido en un eslogan coreado en manifestaciones.

La necesidad de una defensa democrática institucional

Ante esta ofensiva, la respuesta no puede limitarse a la denuncia o a la contraargumentación. Estas armas de guerra híbrida operan en un terreno —el de la atención, la emoción y la percepción— donde los mecanismos tradicionales de la democracia son insuficientes. Se necesitan, por tanto, mecanismos institucionales que actúen como un sistema inmunológico democrático.

En España, se han dado pasos en esta dirección. El Consejo de Seguridad Nacional aprobó en enero de 2025 el Acuerdo de elaboración de la Estrategia Nacional contra las Campañas de Desinformación, y en marzo de 2025 se aprobó el procedimiento para su elaboración. Existe una Comisión Permanente contra la Desinformación como grupo de trabajo interministerial y «unidades especializadas en las fuerzas de seguridad y en instituciones públicas para monitorizar y analizar campañas de desinformación».

A nivel europeo, la Comisión Europea presentó en noviembre de 2025 el Democracy Shield, un conjunto de medidas para combatir la desinformación, la manipulación de la información y la interferencia extranjera. Entre sus propuestas se incluye exigir a los algoritmos de las redes sociales que prioricen fuentes de noticias fiables por defecto, y establecer nuevos límites para el uso de IA en campañas políticas. El Democracy Package de la Comisión refuerza el marco regulatorio existente, incluyendo la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Inteligencia Artificial.

Pero estos mecanismos son aún insuficientes. La alfabetización mediática y algorítmica debe convertirse en una prioridad educativa, especialmente cuando el 49% de los jóvenes españoles de entre 16 y 30 años se informa a través de redes sociales. La democracia militante —la disposición a defender activamente el orden constitucional frente a quienes lo amenazan— debe ser recuperada como principio rector. La libertad de expresión no puede amparar el discurso del odio ni la apología de regímenes autoritarios.

 Hacia una federación kantiana de democracias

La ofensiva de los nuevos autoritarismos y fascismos no es solo un fenómeno nacional, sino transnacional. Opera a través de redes coordinadas que atraviesan fronteras, utilizando plataformas globales y financiación internacional. La respuesta, por tanto, no puede ser meramente nacional. Se necesita una federación kantiana de democracias —una alianza de estados comprometidos con los principios del republicanismo constitucional y la ilustración— que actúe de manera coordinada para defender el espacio público democrático.

Esta federación debe desarrollar mecanismos comunes de detección y respuesta a campañas de desinformación orquestadas, establecer estándares mínimos de transparencia algorítmica, promover la alfabetización mediática como bien público europeo y crear instrumentos legales que permitan sancionar a quienes utilicen la manipulación masiva como arma política. 

La democracia no puede ser ingenua frente a quienes la utilizan como ariete para destruirla. Como señala el informe del Departamento de Seguridad Nacional, las campañas de desinformación buscan «fragmentar la percepción de la realidad compartida». Defender esa realidad compartida es la tarea política fundamental de nuestro tiempo.

La realidad se puede fabricar, pero también se puede defender. Y la defensa comienza por saber cómo se construye. Pero no termina ahí: requiere instituciones fuertes, ciudadanos críticos y una alianza de democracias que sepan que, en la guerra híbrida del siglo XXI, la primera trinchera es la mente.


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