El líder del PP ha comparecido tras el anuncio de adelanto electoral del 29N para decir que la elección es «entre corrupción y decencia". ¿Qué hay detrás de ese marco y por qué su propio historial lo desmiente?
1. El marco de la «decencia»
Tras conocer el anuncio de Sánchez, el PP ha reaccionado en las redes sociales con un escueto «POR FIN», acompañado de un vídeo con el himno de la alegría y frases como «por fin podremos dar nuestra opinión». Minutos después, Feijóo ha comparecido en la sede de Génova para fijar el tono de su campaña.
Su mensaje central ha sido este: «La elección es entre corrupción y decencia». Y ha añadido: «La pregunta que le propongo a los ciudadanos es si quieren cuatro años más de lo que estamos viviendo o si quieren dar una oportunidad al cambio».
La estrategia es clara: Feijóo no va a discutir gestión, ni propuestas, ni balances. Fundamentalmente porque no puede. Va a convertir el 29N en un plebiscito moral sobre Sánchez. Es el mismo marco que lleva repitiendo desde hace meses, años, cuando ya pedía elecciones desde el día siguiente de la formación de gobierno de esta legislatura, «no por revanchismo, sino porque el país no aguanta más». Y es un marco que, como veremos, se vuelve contra él en cuanto se le aplican los mismos estándares a su partido.
2. La decencia que Feijóo invoca choca con su gestión
Feijóo habla de «limpiar las instituciones» y de devolver la «decencia» a España. La pregunta obvia es: ¿dónde está esa decencia en los gobiernos del PP?
En las comunidades donde gobierna, el PP ha recibido más de 300.000 millones de euros en transferencias del Estado. El resultado no ha sido una mejora de los servicios públicos, sino un desgaste continuo de sanidad y educación, privatizaciones y externalizaciones, y un modelo ultraliberal que erosiona el Estado del bienestar. La Comunidad de Madrid marca el camino, pero las demás autonomías del PP le siguen.
En los ayuntamientos, el PP gestiona más de 8.000 consistorios. Feijóo ha anunciado un «nuevo Plan de Financiación Local» y un estatuto básico para municipios pequeños. Esas promesas llegan años después de que su partido haya estado al frente de las instituciones locales sin resolver los problemas estructurales. La decencia, en la gestión real, brilla por su ausencia.
3. PP y Vox: el laboratorio de la «decencia» que Feijóo no menciona
Feijóo no ha mencionado a Vox, con quien comparte gobiernos, en su comparecencia. No le conviene. Porque los gobiernos de coalición entre PP y Vox son el mejor argumento contra su propio discurso.
El caso más paradigmático es Extremadura. Vox ha impuesto una agenda que recorta la cooperación al desarrollo de 10 millones a 700.000 euros (del 0,7% al 0,03% del presupuesto) y destina 1.780.000 euros a subvenciones taurinas. Es decir: menos dinero para combatir la pobreza, más dinero para la «fiesta nacional».
Pero lo más grave es la inestabilidad crónica. Vox ha roto acuerdos de coalición en Aragón, Castilla y León, la Comunidad Valenciana, Extremadura y Murcia, expulsando a sus consejeros y dejando al PP gobernando en minoría. El colapso político terminó en adelantos electorales en Aragón y Extremadura. No fue una estrategia: fue el reconocimiento del fracaso de un modelo basado en la dependencia de la extrema derecha.
Feijóo está atrapado en su propia paradoja: sin Vox no gobierna y con Vox tampoco. Y cuando invoca la «decencia», conviene recordar a quién necesita para gobernar.
4. La «oposición salvaje» que Feijóo denuncia es la que ha venido ejerciendo su propio partido
Feijóo se presenta como el líder que quiere «resolver los problemas en las instituciones». La realidad es la contraria.
El PP ha utilizado su mayoría absoluta en el Senado para impulsar cinco conflictos institucionales contra el Congreso en lo que va de legislatura, incluyendo el bloqueo de leyes como la amnistía, la reforma judicial o la Ley de Eficiencia del Servicio Público de Justicia. Feijóo ha ordenado a su partido llevar al Tribunal Constitucional el «bloqueo sistemático» de sus leyes, denunciando que la Mesa del Congreso ha frenado 31 iniciativas de la oposición.
La ironía es brutal: el PP denuncia el bloqueo mientras ejerce el suyo propio. En la Comunidad de Madrid, el PP de Ayuso ha tumbado el 25% de las iniciativas de la oposición: casi 6.200 de las 25.000 registradas en 2025. La «oposición salvaje» que Feijóo atribuye a Sánchez es exactamente la que su partido practica donde gobierna.
Y hay un dato que desmonta toda su narrativa: desde septiembre de 2024, la ley que reconoce a la Guardia Civil y a la Policía Nacional como profesión de riesgo lleva 71 prórrogas consecutivas bloqueada por la mayoría de la Mesa del Congreso. El PP denuncia el bloqueo de sus leyes en el Senado, pero ignora que el Congreso también bloquea las del Gobierno. Es el juego de la victimización permanente.
5. La degradación institucional como estrategia de campaña
Feijóo se queja del «deterioro institucional» y de que el Gobierno «ya no está legitimado». Pero es el PP quien ha convertido la deslegitimación del adversario en su principal herramienta política.
Feijóo anunció que impulsaría un conflicto de atribuciones contra la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y amenazó con actuar «con contundencia» contra los miembros de la Mesa si el «fraude» no se corregía. Ese lenguaje —«fraude», «no están legitimados»— no es el de un partido de Estado. Es el de una oposición que ha decidido que la mejor manera de gobernar es impedir que el Gobierno lo haga.
El resultado es una legislatura marcada por la parálisis legislativa. En 2025, el plan normativo prometía 59 leyes; se aprobó una. Los presupuestos generales del Estado llevan tres años sin presentarse. El decreto ley se ha convertido en el sustituto del Parlamento. Y Feijóo, lejos de contribuir a desbloquear, ha convertido cada votación en un pulso institucional.
Ahora, con las elecciones convocadas, ese pulso se traslada a la campaña. Feijóo no va a discutir su programa. Va a discutir la decencia de Sánchez. Es lo único que sabe hacer.
6. «Por fin»... ¿para quién?
El PP ha celebrado el adelanto electoral con un «POR FIN» en mayúsculas. «Por fin podremos dar nuestra opinión», dicen en el vídeo. La pregunta es: ¿dónde estaba esa urgencia por escuchar a los ciudadanos cuando el PP bloqueaba leyes en el Senado por cálculo político? ¿Dónde estaba cuando tumbaba el 25% de las iniciativas de la oposición en Madrid?
Feijóo habla de regeneración, de responsabilidad, de instituciones. Pero su partido gestiona comunidades donde recorta servicios públicos, ayuntamientos donde incumple promesas y coaliciones con Vox que han demostrado ser un desastre de gestión e inestabilidad.
La oposición del PP no ha sido «salvaje» por parte del Gobierno: ha sido salvaje por parte del propio PP, que ha convertido el Senado en un ariete contra el Congreso, ha bloqueado leyes por cálculo político y ha deslegitimado sistemáticamente al Ejecutivo. Feijóo no quiere resolver el problema de la vivienda. Quiere que el problema de la vivienda le resuelva su futuro a él. Y ahora, con las urnas a la vuelta de la esquina, quiere que la «decencia» le resuelva la campaña.
Ese es el verdadero balance de un liderazgo que prometió «política de adultos» y ha entregado bloqueo, dependencia de la ultraderecha y degradación institucional. El 29N los ciudadanos tendrán la oportunidad de contrastarlo... y decidir.
lunes, 5 de octubre de 2026
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