La movilidad humana ha sido una constante a lo largo de la historia. Desde las grandes migraciones protohistóricas hasta los desplazamientos contemporáneos provocados por desigualdades económicas, conflictos o crisis climáticas, los seres humanos se han movido en busca de mejores condiciones de vida. Lo que hoy se presenta desde ciertos sectores políticos como una «crisis migratoria» no es sino un capítulo más de este fenómeno estructural, agravado por la huella que el colonialismo y el neocolonialismo han dejado en las relaciones Norte-Sur.
Examinaremos aquí dos flujos migratorios concretos vinculados a la adquisición de nacionalidades europeas que, lejos de ser excepcionales, revelan patrones sistémicos de movilidad y estrategias de optimización de derechos.
- El primer flujo analiza cómo la nacionalidad española se convierte para muchos sudamericanos en un «pasaporte» de acceso a Estados Unidos.
- El segundo examina el fenómeno inverso: cómo ciudadanos sudamericanos, especialmente argentinos, acceden a la nacionalidad italiana y terminan residiendo en España.
Ambos casos, abordados con datos empíricos, permiten desmontar el discurso hipócrita de ciertos gobiernos conservadores europeos que, mientras acusan a España de laxitud migratoria, practican políticas igualmente permisivas cuando les conviene.
El ordenamiento jurídico español establece un plazo de residencia de tan solo dos años para que los nacionales de países iberoamericanos puedan solicitar la nacionalidad por residencia. Esta ventaja comparativa, junto con los lazos históricos, lingüísticos y culturales, convierte a España en el país europeo con la vía más rápida de acceso a la nacionalidad para los sudamericanos. Los datos son bastante claros: en 2024, un total de 252.476 extranjeros residentes en España adquirieron la nacionalidad española, con un incremento del 5,1% respecto al año anterior. En 2025, la cifra ascendió a 299.732, un aumento del 18,7%. Entre las nacionalidades de origen más frecuentes destacan Venezuela (36.271 en 2025), Colombia (37.712) y Marruecos (42.114), lo que evidencia el peso abrumador de la inmigración latinoamericana en estos procesos.
Sin embargo, el verdadero motor de muchas de estas solicitudes no es necesariamente el deseo de residir en España, sino la ventaja que otorga el pasaporte español en términos de movilidad global. Los ciudadanos españoles pueden entrar a Estados Unidos sin necesidad de visado de turista (programa ESTA), un privilegio del que no disfrutan la mayoría de los nacionales sudamericanos. Esta dinámica ha sido reconocida incluso por las autoridades italianas.
El ministro de Exteriores de Italia, Antonio Tajani, declaró explícitamente: «La nacionalidad no puede ser un instrumento para poder viajar a Miami con un pasaporte europeo». Aunque Tajani se refería al caso italiano, la lógica es perfectamente trasladable al contexto español: el pasaporte europeo se convierte en un activo geopolítico que permite sortear las restrictivas políticas migratorias de terceros países, especialmente Estados Unidos. Aunque no existen estadísticas oficiales que cuantifiquen con exactitud el número de sudamericanos que, tras obtener la nacionalidad española, emigran a Estados Unidos, diversos estudios señalan que España y Estados Unidos son los dos principales receptores de inmigrantes latinoamericanos. Esta coincidencia geográfica no es casual: el pasaporte español facilita el tránsito entre ambos destinos, convirtiendo a España en una «puerta giratoria» hacia el mercado laboral y las oportunidades estadounidenses.
En el extremo opuesto del circuito migratorio encontramos el fenómeno de los argentinos con nacionalidad italiana que residen en España, un flujo que alcanza dimensiones gigantescas. Italia concede su nacionalidad siguiendo el principio de ius sanguinis (derecho de sangre), lo que permite a los descendientes de emigrantes italianos reclamar la ciudadanía con independencia de su lugar de nacimiento. Este principio, sumado a la masiva emigración italiana hacia Sudamérica entre finales del siglo XIX y mediados del XX, ha generado un fenómeno de proporciones extraordinarias. Los datos son reveladores: los italianos en el extranjero han aumentado un 40% en la última década, pasando de 4,6 millones a 6,4 millones.
En Sudamérica, la comunidad italiana ha pasado de 800.000 a más de dos millones en los últimos veinte años. Solo en Argentina, los casos de reconocimiento de nacionalidad italiana pasaron de 20.000 en 2023 a 30.000 en 2024; en Brasil, de 14.000 en 2022 a 20.000 en 2024, y los procedimientos pendientes superan actualmente los 60.000.
Lo relevante de la idea que subyace en este artículo es que muchos de estos nuevos ciudadanos italianos no se dirigen a Italia, sino a España. La presidenta de la Asociación Italoargentinos en España, Carolina Davico, explica que, antes de 2008, la comunidad italiana en España estaba compuesta mayoritariamente por italoargentinos que, tras la crisis argentina, buscaron oportunidades económicas en España. La ausencia de barrera idiomática, el estado del bienestar español, la seguridad y la sanidad pública jugaron un papel crucial en esta elección. Los números confirman la magnitud del fenómeno.
La presencia italiana en España supera las 300.000 personas, una cifra que se ha triplicado especialmente en los últimos quince años. Según el Comité de Italianos en el Extranjero (ComItEs), solo en Madrid hay unas 135.000 personas de nacionalidad italiana inscritas en el AIRE (Registro de Italianos Residentes en el Extranjero), con un aumento de 1.500 cada mes. Los argentinos con ciudadanía italiana representan aproximadamente el 25% del total en Madrid, un porcentaje que resulta especialmente significativo si se considera que, en términos globales, casi el 3% de la población argentina (1,2 millones de personas) posee pasaporte italiano. Este flujo convierte a España en el destino preferente de los italianos (o neoitalianos) que abandonan su país de origen. En 2024, 155.732 italianos dejaron Italia, la cifra más alta de las dos últimas décadas, y se estima que ya son más de 325.000 los italianos residentes en España.
El discurso de ciertos gobiernos conservadores europeos, especialmente el italiano bajo el liderazgo de Giorgia Meloni, se caracteriza por una retórica dura contra la inmigración irregular y una crítica constante a las políticas migratorias de otros países. Sin embargo, los datos revelan una realidad bien distinta.
Italia ha sido durante décadas un país de concesión masiva de nacionalidad a través del ius sanguinis, un mecanismo que, como el propio Tajani reconoció, ha sido utilizado con fines especulativos y «comerciales». Los anuncios en español que ofrecen «cursos para obtener la nacionalidad italiana prometiendo salida laboral inmediata» evidencian la existencia de un mercado paralelo que el propio gobierno italiano ha permitido durante años. Además de esta «laxitud» en la concesión de nacionalidades, Italia enfrenta un problema significativo de inmigración irregular. Según datos de 2024-2025, se estima que 339.000 inmigrantes viven en Italia en situación de irregularidad, una cifra que, aunque ha disminuido desde 2022, sigue siendo sustancial. Mientras Italia otorga nacionalidades casi automáticas a millones de descendientes de italianos en Sudamérica —muchos de los cuales nunca han pisado el país— y acumula cientos de miles de inmigrantes irregulares en su territorio, el gobierno de Meloni no ha dudado en criticar a España por su política migratoria.
La hipocresía alcanza su punto más álgido cuando, como ha ocurrido recientemente, Italia evalúa suspender la libre circulación con España por la «crisis migratoria» en Ceuta, ignorando que su propia política de concesión de nacionalidades ha alimentado los flujos migratorios hacia España. El ministro Tajani, que ha denunciado que la nacionalidad «no puede ser un instrumento para poder viajar a Miami», guarda silencio sobre el hecho de que la nacionalidad italiana sí ha sido durante décadas un instrumento para que millones de sudamericanos accedan al espacio Schengen. Y, lo que es más grave, su gobierno ha permitido que Italia se convierta en un «coladero» de nacionalidades, generando un flujo migratorio secundario que acaba recayendo en países como España.
Los dos flujos analizados revelan una misma lógica subyacente: la movilidad humana responde a la búsqueda de oportunidades y a la optimización de derechos en un mundo globalizado pero profundamente desigual. Los sudamericanos que buscan la nacionalidad española para viajar a Estados Unidos, y los argentinos que obtienen la italiana para residir en España, están actuando como agentes racionales en un sistema que ellos no diseñaron. La hipocresía de los gobiernos conservadores europeos consiste en criticar la «laxitud» migratoria de España mientras practican políticas igualmente permisivas —cuando no directamente irresponsables— en sus propios países.
Italia ha regalado nacionalidades a millones de personas sin control efectivo, generando externalidades migratorias que otros países, como España, deben gestionar. Al mismo tiempo, estos mismos gobiernos ignoran que la inmigración organizada es necesaria para mantener el estado del bienestar en sociedades envejecidas y con tasas de natalidad en descenso.
Por último, no puede obviarse la responsabilidad histórica de las potencias coloniales europeas en la generación de los desequilibrios que hoy impulsan la migración. El expolio de recursos, la imposición de fronteras artificiales y la explotación económica de los territorios colonizados han empobrecido sistemáticamente a regiones enteras, creando las condiciones estructurales para la emigración.
Acusar a los migrantes de «querer entrar» es, en el mejor de los casos, un ejercicio de amnesia histórica; en el peor, una estrategia electoralista que criminaliza a quienes, en realidad, están buscando reparar, con sus propias vidas, las desigualdades que el colonialismo y el neocolonialismo han perpetuado.
___________________________
Fuentes: INE (Estadística de Adquisiciones de Nacionalidad Española de Residentes, 2024-2025), Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Servimedia, EFE/Swissinfo, datos del AIRE (Registro de Italianos Residentes en el Extranjero), declaraciones de Antonio Tajani y del Comité de Italianos en el Extranjero (ComItEs).
0 comentarios:
Publicar un comentario
Sé educado, por favor.