Un gran relato que se desmorona
Durante años hemos escuchado una explicación cómoda sobre el auge de Trump, Milei, Vox o Bolsonaro: la ultraderecha sería una «reacción popular» contra el globalismo, una suerte de grito desesperado de quienes han quedado atrapados en las dinámicas despiadadas del libre mercado. Esta narrativa, heredada en parte de la teoría del «doble movimiento» de Karl Polanyi, presentaba a estos movimientos como una fuerza contrapuesta al neoliberalismo, un intento de proteger a las comunidades de la presión competitiva del orden global.
Sin embargo, el historiador Quinn Slobodian, profesor de Historia Internacional en la Universidad de Boston, ha lanzado una tesis incómoda y fascinante que desafía este relato. En su libro Hayek's Bastards: Race, Gold, IQ, and the Capitalism of the Far Right, Slobodian sostiene que la extrema derecha contemporánea no debe entenderse como una reacción contra el neoliberalismo, sino como una rama del propio proyecto neoliberal, una evolución distorsionada y radical que emergió desde su interior.
Para la Ciencia Política, esta distinción no es menor: si la ultraderecha es una reacción, estamos ante un fenómeno defensivo y reactivo; si es una evolución interna, estamos ante un proyecto con agenda propia, coherente y profundamente arraigado en las ideas que han moldeado el orden global de las últimas cuatro décadas. Y eso cambia radicalmente el diagnóstico y, por tanto, las estrategias para enfrentarlo.
De Hayek a los bastardos: una genealogía incómoda
Friedrich Hayek, el gurú del libre mercado, concebía el mercado como un «orden espontáneo» que ningún burócrata debía tocar. Sus «hijos legítimos» fueron los tecnócratas que diseñaron la globalización de los años 90: apertura comercial, desregulación, alianzas internacionales y una fe casi religiosa en que el mercado, dejado a su libre albedrío, generaría prosperidad para todos.
Pero el problema, según Slobodian, llegó cuando estos tecnócratas se sintieron amenazados por los movimientos de justicia racial, feminista y climática que emergieron con fuerza en las décadas posteriores a la Guerra Fría. En lugar de confiar en el mercado para solucionarlo todo, una nueva camada de intelectuales de derechas —los «bastardos» del título— transformaron las ideas de Hayek hacia algo mucho más oscuro. Desecharon el universalismo ilustrado y abrazaron la jerarquía como dogma.
Lo que hace particularmente relevante este análisis desde la Ciencia Política es que Slobodian no se limita a señalar coincidencias programáticas. Rastrea una genealogía concreta: desde Murray Rothbard hasta Charles Murray, pasando por Javier Milei, estos pensadores forjaron alianzas con psicólogos raciales, neoconfederados y etnonacionalistas que acabarían conformando lo que hoy conocemos como alt-right. No son, como a menudo se los presenta, «bárbaros a las puertas del globalismo neoliberal, sino los hijos bastardos de esa misma línea de pensamiento».
Los tres pilares del nuevo fusionismo
Slobodian condensa esta nueva corriente en lo que denomina los «three hards» (tres durezas), una filosofía que articula la visión del mundo de la ultraderecha contemporánea:
1. Hardwired Nature (naturaleza innata): Los bastardos de Hayek abandonaron el optimismo ilustrado de que el mercado iguala a las personas. En su lugar, recurren a la pseudociencia —tests de CI, genética conductual, psicología evolutiva— para afirmar que la desigualdad es biológica e inevitable. Así, justifican el racismo y el clasismo no desde el odio explícito, sino desde la «objetividad científica», un argumento particularmente peligroso que ha calado en sectores tecnológicos y en el denominado «paleolibertarismo». Se trata de lo que Slobodian llama «el rock de la biología»: una base supuestamente inamovible sobre la que asentar las jerarquías sociales.
2. Hard Money (dinero fuerte): La obsesión no es solo bajar impuestos, sino volver a un sistema de patrón oro o de monedas duras no intervenibles. Cualquier política monetaria expansiva es vista como el primer paso hacia el totalitarismo. Esta postura, antes técnica, se ha convertido en un fervor casi religioso que utilizan para atacar a cualquier banco central que intente paliar crisis sociales. En países como Argentina, esta obsesión ha tenido consecuencias concretas en la política económica.
3. Hard Borders (fronteras duras): Aquí reside la gran paradoja. Los neoliberales clásicos eran cosmopolitas; querían que el capital y la mano de obra fluyeran sin restricciones. Los bastardos, en cambio, defienden el cierre de fronteras y la homogeneidad cultural como condición necesaria para que los mercados funcionen. El universalismo da paso al etnonacionalismo; la mano de obra global, al nativismo excluyente.
La ofensiva contra el multilateralismo y el estado de derecho
Lo que hace particularmente preocupante esta evolución ideológica es que no se ha quedado en los libros. La ultraderecha global ha pasado de la marginalidad a la normalización y se expande con una red organizada que desafía los consensos liberales. El año 2025 se consolidó como un punto de ruptura en la política internacional, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca confirmando el debilitamiento del multilateralismo y la crisis del orden liberal internacional.
La ofensiva es sistemática y coordinada. La extrema derecha global converge en atacar —o ignorar— a la ONU y los principios del multilateralismo. No se trata de una postura aislada: el gobierno de Trump II dejó de pagar sus cuotas a la ONU, ha generado hostilidades abiertamente contra la organización y ha abandonado organismos especializados como la OMS. Los fondos globales de ayuda humanitaria han caído un 53% a partir de 2024, y la ONU se enfrenta a una «carrera hacia la quiebra» que la obliga a eliminar entre 23.000 y 26.000 puestos de trabajo.
Esta ofensiva no es casual ni descoordinada. Plataformas como la CPAC —que ya realizó conferencias en Brasil, Argentina, México y Paraguay—, la Atlas Network —con más de 500 think tanks en un centenar de países— y redes anti-derechos como el Congreso Mundial de las Familias tejen una internacional reaccionaria que circula narrativas, cuadros y estrategias contra las instituciones multilaterales.
El desafío de comprender para resistir
La tesis de Slobodian nos obliga a reconsiderar el mapa político de nuestro tiempo. La ultraderecha no es un accidente, ni una desviación, ni una mera reacción. Es, en palabras del historiador, «un intento de desarmar la obra del humanismo liberal igualitario de los últimos 200 años y restaurar un orden jerárquico, basado en las diferencias naturales entre los seres humanos». Y lo hace no desde fuera del sistema, sino desde sus propias entrañas.
Para la Ciencia Política y la Sociología, esto implica un doble desafío. Por un lado, comprender que las ideas de Hayek, Mises y el neoliberalismo clásico no son antídotos contra la ultraderecha, sino que contienen en su seno las tensiones que han permitido su emergencia. Por otro, reconocer que la defensa del multilateralismo y del estado de derecho no puede darse por descontada: requiere una articulación política consciente, informada y coordinada a escala global.
La ultraderecha ha sabido construir una narrativa coherente que combina libertad económica con jerarquía natural, dinero fuerte con fronteras duras. Frente a eso, la respuesta no puede ser el silencio diplomático ni la espera. Comprender las redes de financiamiento, las narrativas y las estrategias de la extrema derecha es el primer paso para construir una resistencia democrática informada y eficaz. Porque, como advierte Slobodian, estos supuestos disruptores no son desertores del orden neoliberal, sino sus más recientes y entusiastas animadores.
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Bibliografía:
· Slobodian, Quinn. Hayek's Bastards: Race, Gold, IQ, and the Capitalism of the Far Right. Zone Books, 2025.
· Slobodian, Quinn. "Un neoliberalismo del suelo y la sangre". Nueva Sociedad 318, junio-julio 2025.
· Galeano, Franco. "Auge de la derecha radical y la inseguridad global". El Tribuno, 28 de diciembre de 2025.
· Summa, Giancarlo. "La extrema derecha y el desorden del mundo". Clarín, 21 de abril de 2026.
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